Cuando los jugadores son convocados con sus respectivas selecciones se produce una mezcla de sensaciones tanto en los aficionados como especialmente en los entrenadores y responsables de los clubes. Por un lado, aflora el orgullo al ver a uno de los tuyos representar a su país, lo que supone un reconocimiento al trabajo y al talento. Sin embargo, al mismo tiempo emerge una inevitable inquietud el temor a posibles contratiempos físicos o a lesiones inesperadas.